Ha sido el revival más exitoso e inesperado del año, el modelo clásico de Ray Ban, que puso de moda Audrey Hepbur en Desayuno con diamantes, esta viviendo una segunda primavera que parece no tener fin.
Las Wayfarer fueron las primeras gafas con montura plástico, un diseño original de Raymond Stegeman que salió al mercado en 1952. Su popularidad se acrecentó gracias al cine: se las vimos a Cary Grant en Con la muerte en las talones, a Marilyn Monroe (dentro y fuera de la pantalla), a James Dean, Kim Novak y un largo etcétera que también incluye estrellas del rock, como Bob Dylan, cuya imagen está indisolublemente ligada a estas gafas.
Sin embargo tras dos décadas gloriosas, las ventas terminaron por caer, el público parecÃa haberse hartado de un diseño que en en general no era muy favorecedor y que ya empezaba a quedarse obsoleto.
En los 80 la compañÃa tuvo que gastarse miles de dólares en marketing para conseguir que sus famosas gafas aparecieran en pelÃculas y shows de televisión, de este modo volvieron a convertirse en un best seller y de nuevo se las vimos a las celebrities del momento: Madonna, Michael Jackson, Tom Cruise, Jack Nicholson…
Con la llegada del siglo XXI lejos de desaparecer, las Wayfarer se han convertido en un objeto de culto. Relanzadas con su diseño original y bajo el nombre de Ray-Ban Wayfarer RB 2140, han sido el modelo más buscado este verano, sobretodo las de colores, lo que ha hecho que se agotaran hasta en Bloomingdales y dar con ellas en rojo o blanco fuera misión imposible.
Si todavÃa no tienes unas pero te mueres por conseguirlas, recuerda un par de consejos que te pueden útiles a la hora de de comprarlas: ten en cuenta el tamaño porque no todas son iguales, las pequeñas favorecen más a las mujeres, aunque en todas las originales ponga made in Italy no te fÃes, a veces las monturas se fabrican en China y sólo los cristales son hechos en Italia, por eso es importante que te fijes en su peso, las que están enteramente diseñadas en Italia pesan más, por último si tu economÃa no te da para comprarte unas nuevas siempre puedes rebuscar por los cajones de casa de tus padres (o incluso de tus abuelos), seguro que encuentras algún viejo par.