
Christian Dior llegó a decir que ella era la única reina que habÃa vestido, pero lo cierto es que la primera dama argentina provenÃa del último escalafón de la clase obrera. Era hija natural de una familia humilde, pese a lo que siempre tuvo aspiraciones altas, primero soñó con emular a las grandes divas del cine y comenzó su andadura como actriz, pero cuando Perón entró en su vida sus miras se tornaron más altas y desde entonces su ambición, como le reconoció en una ocasión a su amiga y asistente Lillian Guardo fue ocupar un lugar en la historia.
La compañera Evita se convirtió en la portavoz de los descamisados, pero nunca llegó a predicar con el ejemplo de descamisarse ya que sentÃa verdadera pasión por la moda, en especial por las joyas y las pieles. Su lujo ostentoso chocaba con su mensaje de solidaridad con los pobres y ponÃa en evidencia las contradicciones de una mujer que abanderó siempre la lucha obrera pero vivió como una burguesa.

Los enviaban en un compartimento especial diseñado en el fondo de los aviones de AerolÃneas Argentinas para que pudieran viajar de pie y evitar arrugarse. Cuenta la leyenda que el avión que llevaba uno de estos vestidos para una gala en el Teatro Colón sufrió un retraso y la gala también fue retrasada hasta la llegada del traje para que Evita pudiera lucirlo.
Le gustaban los escotes pronunciados, las faldas tubo, los drapeados y por supuesto los trajes sastre, quizá el look más asociado a su imagen. Sin embargo Evita nunca tuvo un estilo propio, simplemente se limitó a vestir las prendas más bellas que el dinero pudo comprar, las mujeres de la clase alta argentina siempre la despreciaron por lo que los grandes modistas porteños se vieron obligados a sacar dos colecciones por temporada, una para Eva y otra para sus clientas de toda la vida, que no querÃan tener nada en común con la mujer del presidente.
El desprecio era mutuo, Eva les reprochaba su superficialidad y sus absurdas fiestas en favor de la caridad a las que siempre se negó a asistir, dejando claro que el hambre de los pobres no podÃa servir de pretexto para la diversión de los ricos y justificando su afición desmedida por la moda y el lujo con una frase que quedarÃa para la historia: sólo quiero estar linda para mis grasitas.
Cuando murió, el 26 de julio de 1952 a la edad de 33 años, el Gobierno decretó 30 dÃas de luto. Su funeral fue celebrado con los honores de una reina, esa a la que se referÃa Christian Dior y precisamente fue un vestido del diseñador, encargado para la gala del 9 de Julio de 1952 que nunca pudo llegar a estrenar, el que finalmente habrÃa de servirle de mortaja.


Sólo un comentario!
nada de estilo: Estilazo!
Abril 3rd, 2008 at 10:37 am
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